La emoción recorría todo mi cuerpo. Me acordé mucho de mis padres, de mis amigas/os, de mi familia. Derramé alguna lágrima pensando que estaba consiguiendo lo que había sido mi sueño durante un año. Pedalear todo cuanto pudiera la isla. Y aunque aún quedaban kilómetros y días por disfrutar, ver aquella montaña, reconocerla y darme cuenta otra vez más que "desear es poder" me hacía estar feliz, eran lágrimas de felicidad.
Las primeras horas de ese mismo día en que de nuevo llegué a Selfoss habían sido una lucha contra el fuerte viento de costado sobre todo. Después, como siempre ocurre, tarde o temprano, la dificultades se disipan alejándose con ese mismo viento que empujó en contra, ó algo mejor, se alía impulsando por la espalda, como me ocurrió a la tarde entrando esta vez por otro acceso a la población.
Ahora sabía qué se escondía tras la montaña.
Me conocía un poco más y sumé:
Conocer otras personas extraordinarias en un cruce de caminos mal señalizado
otras formas de vivir la aventura, pescando una noche sin Luna en una ribera por ejemplo
paisajes, desiertos de lava y musgo
otros sonidos del viento, de aves
mares al norte, tan al norte
otras luces... las de las claras noches
sumé anocheceres de SolyLuna
amaneceres polares resplandecientes
atardeceres envolventes y cálidos
puestas de Sol interminables
Esas son las sumas que más me gusta hacer. El capital más preciado. Vivir plenamente.
Las sumas que a otras muchas personas también les llena los bolsillos del alma.
Vivir sencillamente.
Haz de tu vida un sueño y de tu sueño realidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario