A unos metros del refugio, supermercado Chic. De película...
Lava pétrea en simbiosis con la mar que iba y venía.
Pedaleaba y sincretizaba lo visto, lo oído, lo que palpé como humana vital a lomos de mi bicicleta, como en cada cicloaventura.
Y cada vez más ecléptica con respecto a todo. Más realista.
Ímplícitas siempre en cada aventura grandes emociones, de ahí la respuesta a uno de los "por qués" de éstas escapadas a la búsqueda de lo desconocido.
Mi BH rodó a las mil maravillas, sin quejarse ni un poquito.
Y cuando quise ir a explorar el sueño de un volcán , me esperó paciente ...
Ella, mi querida bicicleta.
Encuentros por las pistas de tierra y piedras con el castellano alegre, los alemanes sonrientes... En los iris de todos, el mismo centelleo feliz rebotaba al mirarnos, cruzásemos donde nos cruzásemos en Iceland.
Feliz
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